Por: Francisco Torralba
NOTA PREVIA: creo que uno de los principales motivos por el que los extranjeros encontramos fascinante el wabi-sabies porque no lo hemos vivido desde niños y tal vez por ello necesitamos racionalizarlo, ponerlo en palabras y explicárnoslo a nosotros mismos. El siguiente texto no es más que un intento de aproximación a esta categoría estética, para tener una comprensión más profunda recomendamos consultar la bibliografía del final, cuyas obras aparecerán referenciadas a lo largo de este texto.
Al visitar Japón, ver alguna exposición de arte japonés, observar un juego de té o visionar las seductoras imágenes del cine de Ozu Yasujirō o de Miyazaki Hayao hay algo que nos remueve por dentro y que hace que encontremos belleza en objetos y producciones artísticas que no la tendrían siguiendo nuestros cánones occidentales. La cultura japonesa tiene sus propias categorías y conceptos estéticos que para la mayoría de nosotros son misteriosos y/o desconocidos. Kurai, iki, mujō, shibui, aware, wabi, sabi son sólo unas pocas de las muchas categorías estéticas que podrían merecer una investigación por sí mismas.

Fig. 1 Imagen de Cuentos de Tokio
La semilla del wabi-sabi germina en la China de la dinastía Song (960-1279) en la que, pese a que no es llamado así, el arte comienza a manifestar una leve vertiente a los principios de lo que hoy podríamos identificar como wabi-sabi(Juniper, 2004: 20). Con su entrada en Japón, y a causa de los cambios sociopolíticos consecuencia de las numerosas guerras del Periodo Sengoku (1466-1598) –literalmente Era de los estados guerreros-, vivirá su etapa de mayor refinamiento y aprehensión por parte del pueblo japonés por medio de la nueva ceremonia del té –o té wabi-, reflejo de la caótica situación del momento.

Fig. 2 Cuencos de té de la dinastía Song
Este periodo de guerras supuso la destrucción y pérdida de numerosos edificios y objetos, cebándose especialmente con los delicados –y caros- instrumentos de origen chino que se empleaban en la ceremonia del té, generando una enorme demanda que necesitaba ser cubierta, motivo por el que se crearon sustitutos a estos de factura japonesa, que tenían la peculiaridad de ser ricos en texturas, irregulares y mucho menos refinados que los chinos, pero que tenían la ventaja de ser accesibles para todos, lo que implicó la democratización de dichos objetos, cuya presencia en los hogares posibilitó la difusión de esta corriente estética que, como dice Koren, “cultivaba activamente la imaginería de la pobreza elegante”. En el desarrollo y consolidación del wabi-sabi como categoría estética será fundamental la figura del gran maestro de la ceremonia del té Sen no Rikyū (1522-1591), cuyos postulados llegan hasta nosotros.

Fig. 3 Sen no Rikyū
En un principio los conceptos wabi y sabi eran independientes. Wabi proviene del verbo desaparecido wabu –debilitarse- y del también antiguo adjetivo (aunque en este caso sí sigue en uso, manteniendo su significado) wabishii –soledad, lastimero, pobre, desolado, desdichado-. Sabi proviene de los también desaparecidos verbo sabu –menguar- y el sustantivo susabu –desolación-; en el lenguaje actual podemos encontrar el verbo sabiteru -oxidarse, envejecer- y el adjetivo sabishi -solitario, aislado-.

Fig. 4 Katsura Imperial Villa’s Garden

A estos conceptos habría que sumarle también el papel fundamental que tuvo el budismo zen, del cual se tomaron se tomaron ideas y conceptos que formaron la base teórico-intelectual del té wabi.
En el siglo XVI, ambos términos se solapan y se usan indistintamente. No será hasta el siglo XX cuando se comience a teorizar sobre la idea de un concepto más amplio que aúne a los dos: el wabi-sabi; pese a todo, no hay una definición de ellos unidos en los diccionarios japoneses. El porqué de esto, como todo lo relacionado con el wabi-sabi, sigue sin estar muy claro. Leonard Koren (el primer teórico en introducir el término por escrito, en 1994, aunque ya era empleado oralmente por los japoneses cultos) nos dice lo siguiente al respecto:
“Así pues, ¿por qué no se unieron los términos wabi y sabi? Posiblemente nadie consideró que el estado de las cosas supusiera un verdadero inconveniente conceptual, o un problema que exigiera una solución. O, tal vez, el coste de la unión, desde el punto de vista cultural y político, habría sido demasiado grande para los historiadores y las instituciones relacionadas con el té. Habría cambiado drásticamente siglos de tradición, oscureciendo aún más los rastros etimológicos y, en general, enturbiado las aguas culturales. Al parecer, pocos guardianes del patrimonio artístico japonés deseaban correr ese riesgo”.
Encontrar una definición satisfactoria del concepto wabi-sabi es complicada, tanto por su propia semántica, de la que hemos hablado anteriormente, como por su significado en sí, que se ha concretado de tal manera que sea lo más indescifrable posible, promoviéndose de manera activa su misticismo e inescrutabilidad, ya que hay quienes piensan que su significado no puede ser totalmente definido con palabras, por lo que el mero hecho de intentar explicarlo podría empequeñecerlo y restarle valor. A modo de anécdota, decir que esto es algo con lo que he tenido experiencia a nivel personal, especialmente cuando la gente me pregunta en una situación casual qué es el wabi-sabi, ya que al hacerles una explicación somera (impermanencia, la belleza de la imperfección, de lo no convencional, de lo irregular, etc.) suelen llevarse la idea equivocada de que es poco más que algo en el que el paso del tiempo es notable o que ha sido toscamente elaborado, motivo por el cual siempre tengo que añadir sobre esta dificultad que entraña la comprehensión del concepto, invitando a mi interlocutor a consultar algunos escritos sobre el tema.

Fig. 5 Verja oxidada. Ejemplo de imagen de lo que se suele pensar cuando se habla de wabi-sabi
Pese a ello, Andrew Juniper nos ofrece una definición sencilla que puede sintetizar todo lo que hemos explicado hasta ahora, uniendo la esencia del zen y los principios estético-filosóficos del wabi-sabi, y es que tenemos que tener en cuenta que, en cuanto al arte, hablar de wabi-sabi es hablar de zen, y lo mismo sucede al contrario:
“El wabi-sabi es una intuitiva apreciación de la belleza evanescente del mundo físico que refleja el irreversible fluir de la vida en el mundo espiritual. Es una comprensión de la belleza que reside en lo modesto, lo rústico y lo imperfecto, o incluso en lo decadente, una sensibilidad estética que haya una melancólica belleza en la impermanencia de todas las cosas”.

Fig. 6 Ensō, símbolo del budismo zen
Con el fin de que el lector pueda ir comprendiendo a qué nos referimos cuando hablamos de rústico, modesto, impermanente, imperfecto o no convencional. Vamos a observar dos cuencos para la ceremonia del té, principio de la consolidación del wabi-sabi como categoría estética. El primero de ellos [Fig. 1] pertenece la cerámica shino-ware –técnica que produce una cerámica esmaltada y porosa de color blanco- y fue realizado en el s. XVI o XVII; de color claro, presenta un borde irregular y veteados en dos colores fruto del azar de la técnica empleada para su vitrificación. El segundo [Fig. 2] encarna los principios de Sen no Rikyū y presenta una textura más aterciopelada que el anterior, propia de la técnica raku-ware –técnica que se caracteriza por una cocción a baja temperatura y esmaltado con base de plomo-; su color profundo y velado es un claro ejemplo de la “opacidad de la sombra” de la que se habla Tanizaki Junichirō en El elogio de la sombra. En ambas piezas podemos ver que, a diferencia de la cerámica china de la época, su realización podría parecernos tosca, sus bordes y cuerpo no son regulares, como tampoco lo es su esmalte, que lejos de pretender obtener un brillo excesivo, parece querer absorber la luz y que esta pase a un elemento matérico más de ellos.

Fig. 7 Cuenco de cerámica shino-ware

Fig. 8 Cuenco de cerámica raku-ware
Que estos objetos sean imperfectos, incompletos, modestos y poco convencionales no implica que estén realizados de cualquier manera y sin calidad; y como claro ejemplo de esto tenemos el proverbio japonés que dice: “El que fabrica objetos de poca calidad es peor que un ladrón”.
Entre los pocos japoneses que han teorizado directamente sobre el wabi-sabi tenemos a Haga Kōshirō, quien nos habla de los tres aspectos que el wabi debe tener: el primero “la simplicidad; la belleza sin pretensiones”, el segundo “la imperfección, la belleza irregular” y el tercero “la austeridad, la belleza desnuda”.

Fig. 9 Bonsai, ejemplo de belleza de lo irregular

Como dijimos antes, es fácil malinterpretar el significado del wabi-sabi y pensar que puede asemejarse a viejo o a pátina; esto sería quedarse solamente en el componente material del concepto. Nos gustaría dejar claro que la obra capaz de suscitarlo lo será igualmente siendo esta nueva o vieja, con pátina o sin ella; si bien es cierto que el paso del tiempo ayuda a que tome un tono más opaco y sin uniformidad, a que adquiera una textura rugosa y desigual e incluso la propia degradación consecuencia del paso tiempo propicia las formas asimétricas e irregulares de una forma natural, todas estas características ya deberían estar latentes en la obra desde el momento de su concepción intelectual y posterior materialización. Esta idea simplificada de que wabi-sabi = viejo/pátina/musgo hace que muchas obras sean envejecidas artificialmente creando una sensación de belleza que no llega a ser plena como sí se produce al contemplar una auténtica obra wabi-sabi.
Aunque podemos considerar el wabi-sabi como “pobreza elegante” o como “pobreza material, riqueza espiritual” hay que tener en cuenta que ello no implica que únicamente se puedan emplear elementos pobres. Materiales nobles como el oro, o elementos de indudable valor, como caligrafías o pinturas en tinta china, son utilizados para crear una comparación que revalorice cuanto le rodea:
“La mayoría de los maestros de té wabi se dieron cuenta de que el sentido y la significación de las cosas —objetos físicos, ambientes y acontecimiento— dependía de la comparación con otras cosas, o de la alusión a ellas. Por eso se yuxtaponían las cosas antiguas a las cosas nuevas; las cosas extranjeras a las cosas del lugar; las lisas a las rugosas; las caras a las baratas; las famosas a las desconocidas; las complejas a las simples…” (Koren).

Fig. 10 Kintsugi, utilización del oro para la reparación de objetos

Son especialmente importante que los materiales propios de las obras wabi-sabi destacan por ser humildes –siendo un ejemplo claro el del sukiya o chashitsu (la casa de té), utilizándose los lujosos como el oro, solamente en raras ocasiones y con el objetivo de poner acento en alguna imperfección, y creándose un ambiente en el que poner en valor de manera excepcional cualquier elemento, por humilde que este sea, destacando aún más la grandeza de los fastuosos:
“Sen-no-Rikyū explicaba la experiencia del WABI a la vista de un potro de pura sangre atado en una choza de paja. Cuanto más noble es el caballo y más pobre sea el chamizo, tanto más impacta el resplandor del contraste. De la misma manera, WABI es una indigencia fulgurante porque le anima su espíritu interior luminoso” (Lanzaco).
Tenemos que destacar también que pese a que el wabi-sabi tiene mucho de material, es indudable la importancia del componente filosófico en su esencia, teniendo un papel destacado el nihilismo zen, según el cual:
“●Todo cuanto hay en el universo está en constante movimiento, surgiendo de la nada y regresando a ella.
●El arte wabi-sabi es capaz de encarnar y sugerir el esencial y evidente hecho de la impermanencia.
●Las expresiones wabi sabi pueden desencadenar en el espectador una serena contemplación de la fugacidad de todo cuanto existe.
●Al apreciar esta fugacidad la vida se contempla desde una nueva perspectiva más holística” (Juniper, 2004: 45).

Fig. 11 Jardín zen de Ryōan-ji

A raíz de estos principios podemos comprender por qué hay japoneses que no llegan a considerar el wabi-sabi como una categoría estética que podamos aplicar al arte, sino más bien como algo más cercano a un sentimiento, especialmente podemos entender esta postura si pensamos en la concepción japonesa de la creación artística como algo que “simplemente ocurre” por lo que es fácil comprender que entonces para algunos algo que carece de intencionalidad pueda considerarse como categoría estética.
Esto nos genera un problema a la hora de analizar la presencia del wabi-sabi en una obra cualquiera, ya que al no tratarse de un concepto claramente definido –ya sea por mantener su misticismo o por cualquier otro motivo- varios espectadores ante la misma obra pueden experimentarlo o no, por lo que pese a la –relativamente nueva- base teórica que lo sustenta sea difícil atribuírselo al objeto en lugar de al espectador:
“[…] incluso cuando las cosas se creaban a propósito para integrarlas en el marco del té wabi, el productor nunca podía decidir si los artículos en cuestión eran verdaderamente wabi. Eso lo determinaba en última instancia la persona que los contemplaba” (Koren).

Fig. 12 Jardín de Ginkaku-ji
Podemos concluir que pese a esta dificultad que se presenta a la hora de definir el wabi-sabi, los expertos, tanto los que han escrito únicamente sobre él, como los que lo han hecho sobre estética japonesa en general, no ponen en duda su existencia. Además, no estamos ante un concepto que sólo pueden entender los japoneses, sino que también es accesible a los occidentales, estando cada vez más presente en las exposiciones y en la vida cultural de Occidente, dándose la situación que mientras que en Japón se produce, pero no se teoriza, en Occidente encontramos tanto producción teórica como artística.
Habiendo demostrado su existencia, deberíamos hacernos la siguiente pregunta: ¿Existe realmente el arte wabi-sabi? Pregunta a la que no podemos dar una respuesta clara y tajante pues, pese a que la presencia wabi-sabi como categoría estética es innegable, una vez que se materializa en producción artística no siempre es fácil reconocer las características de este o que despierte en nosotros esos sentimientos de anhelo, melancolía, tristeza, etc., de los que hablábamos y que son imprescindibles para poder hablar de un arte wabi-sabi, dependiendo esta existencia en gran medida del espectador. Es por ello que prácticamente todas las obras puedan ser o no consideras como wabi-sabi según quién las mira e incluso según nuestras circunstancias en el momento de enfrentarnos a ellas; aunque podemos ajustarnos a las características que se ajustan a la teoría para justificar la pertenencia al wabi-sabi, una vez más, el resultado queda en ojos del espectador.
Finalmente, cabe destacar que actualmente las obras que podemos considerar wabi-sabi están lejos del alcance de todo el mundo debido a sus altos precios, por lo que la democratización que este supuso en sus orígenes ha desaparecido debido a procesos que nada tienen que ver con la creación artística. Hay quienes creen que esta imposibilidad al acceso directo a las obras impide la experiencia esencial para suscitar en nosotros el sentimiento estético necesario para poder valorarlo, quedando relegado el wabi-sabi a escenarios museísticos (lo que podría significar que es un arte muerto); sin embargo, hay quienes creen que la contemplación del wabi-sabi puede está presente en nuestro día a día, fuera de los museos y salas de los adinerados, ya sea en nuestra casa, en nuestro paseo vespertino o mientras hacemos la compra, por lo que no es necesario el acceso a carísimas piezas artísticas para poder disfrutarlo, pues es un arte vivo y presente que nos rodea. Y usted, ¿con qué opinión se queda?
Bibliografía seleccionada:
Haga, K. (1995). “The Wabi Aesthetic through the Ages”. En: Hume, N., Japanese Aesthetics and Culture. A reader (pp. 245-278). Albany: State University of New York Press.
Juniper, A. (2004). Wabi sabi. El “arte de la impermanencia” japonés. Barcelona: Oniro.
Koren, L. (2008). Wabi-sabi para artistas, diseñadores, poetas y filósofos. Barcelona: SD. (Edición original de 1994).
Koren, L. (2017). Wabi-sabi, nuevas consideraciones. Barcelona: SD.
Lanzaco, F. (2003). Los valores estéticos en la cultura clásica japonesa. Madrid: Verbum.
Okakura, K. (2012) El libro del té. La Ceremonia del Té japonesa (Cha-no-yu) (5ª ed.). Madrid: Cedro. (Edición original de 1906).
Tanizaki, J. (2010). El elogio de la sombra (26ª ed.). Madrid: Siruela. (Edición original de 1933).
Fuente de las imágenes:
Fig. 1: https://drnorth.wordpress.com/2008/09/24/ohayo-good-morning-an-introduction-to-yasujiro-ozu/
Fig. 2: https://www.christies.com/en/lot/lot-5982304
Fig. 3: https://es.wikipedia.org/wiki/Sen_no_Riky%C5%AB
Fig. 4: https://funart.hatenablog.com/entry/2020/03/14/181017
Fig. 5: foto del autor
Fig. 6: https://es.wikipedia.org/wiki/Ens%C5%8D
Fig. 7: https://www.tnm.jp/modules/r_event/index.php?controller=past_dtl&cid=5&id=10582
Fig. 8: https://www.kyoto-museums.jp/museum/central/120/
Fig. 9: https://www.bonsai-art-museum.jp/en/collection/a-051/
Fig. 10: https://es.wikipedia.org/wiki/Kintsugi
Fig. 11: foto del autor
Fig. 12: foto del autor
