Por: Gabriela Lantz
Los templos de Kamakura
La localidad de Kamakura es reconocida por la figura del Gran Buda (Daibutsu) cuyos once metros se imponen a la entrada del Templo Kotoku-in. Pero Kamakura ofrece mucho más y explorar sus senderos y templos escondidos nos muestra una cara diferente, menos turística, llena de historia y de historias.
Disfrutando un hermoso día primaveral de abril comenzamos nuestra caminata al oeste de la estación de Kita Kamakura, descubriendo Tokei-ji y Jochi-ji; y luego de algunas compras en una pequeña tienda de antigüedades cruzamos las vías para visitar dos imponentes templos – Engaku-ji y Meigetsu-ji.
Engaku-ji, es uno de los principales santuarios Zen en todo Japón. Fue fundado en 1282 por el maestro Mugaku Sogen bajo el patronaje de Hojo Tokimune en memoria de los soldados caídos durante la invasión mongol. Según la leyenda, el nombre del templo proviene de la Sutra de la Iluminación Perfecta (Engaku Kyo) pues un manuscrito de la misma fue encontrado en su terreno. El templo también se conoce como Zuiroku-san (montaña sagrada) y se asocia a una auspiciosa anécdota que relata la llegada de un ciervo blanco durante el sermón de Mugaku durante la apertura del templo.

Con sólo unos pasos adelante llegamos al Meigetsu-in, que se remonta al año 1160 y es famoso por sus jardínes de hortensias violáceas y de irises, que lamentablemente todavía no estaban en flor. Lo que más resalta de su arquitectura es la ventana circular que enmarca el jardín de flores de iris. Este templo se asocia a las cosechas y por lo tanto a la luna y los conejos, que según el folclore japonés están representados machacando mochi en el astro nocturno.

Para descansar tomamos un delicioso almuerzo de soba alrededor de un “irori” en una casa tradicional, donde su dueña, una simpática anciana, nos preparó especialmente una taza de matcha y un dulce llamado warabi-mochi.
Finalmente, terminamos el día en las colinas del este de Kamakura recorriendo el bello jardín de azaleas, glicinas y peonias del Jomyo-ji, culminando la visita en el Hokoku-ji y su esplendido bosque de bambú.

